Estoy bastante muerto.
Ni la tarde defiende,
con su color incierto,
de esta bruma que pende
de las cosas y mancha
el alma de desvelo
y desazón. No es ancha
la esperanza, no hay suelo,
en esto que redacto,
donde plantar amor,
magia, brillo. Compacto
y yerto el ciclamor
del que me cuelgo, gime
la luna que me oprime.

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