Los arribistas piensan
que lograrán ser buenos
poetas algún día;
hoy por hoy son mediocres.
No entienden que su fama
--amiguismo y poder--
navega entre las sirtes
del presente. Pasados
al otro reino, nadie
tendrá por qué aplaudirlos
ni qué ganar. Memorias
de palabras y no
de manejos pretende
el lector del futuro.

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