Si los poemas arden
en forma muy distinta
a la de la influenza,
lo ignoramos. Así,
con un decir oscuro,
y entrador, y canyengue,
proclamaremos que
cualquier noche se ajusta
a los brazos sin tacha
de una mujer. Buscamos
el verso riguroso
pero preferiremos
siempre estar a las órdenes
del Amor: el carnal,
el diligente Amor.

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