Más allá de la culpa
no hay nada salvo cosas
que secundan el mundo,
fértiles y distantes.
Uno mismo se opone,
hora tras hora, a ser
algo más que herramienta
simple, como una azada
y su peso. Brotar,
brotará la alegría.
Si tomar Coca-Cola, cosa tan rica, fuese entregarse al Imperio, también los celulares y las notebook serían grillos de sumisión, por e...
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