La soledad diseña
tortuosos laberintos en la mente
que no tienen salida
y giran en redondo hasta que el sueño
(esto es, el desmayarse
en un colchón mugriento y generoso)
socorre al desvalido
por unas horas. Qué felices horas.
Si tomar Coca-Cola, cosa tan rica, fuese entregarse al Imperio, también los celulares y las notebook serían grillos de sumisión, por e...
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