Soy un perfecto inútil.
No sirvo para andar
ni para recostarme
y dormirme temprano.
Sentado, con un libro
y nada más, se escurren
las horas y los días
y los años. Ya llega
la muerte. La lectura
se detendrá en la página
marcada. Ineludible
el anaquel mortuorio.
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