Brillan en su desdén
por mí. Las ilumina
un foquito dador,
invulnerable. Quietas
sobre la mesa, más
reales que mi pobre
espíritu, infeliz
como él solo, prefieren
golpearme en el testuz.
Si tomar Coca-Cola, cosa tan rica, fuese entregarse al Imperio, también los celulares y las notebook serían grillos de sumisión, por e...
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