El silencio en que cantan
las cosas que en la mesa
se entusiasman, asidas
a sus propios colores,
aturde. Aturde luego
de que me haya abismado
en ideas oscuras,
inconducentes. Tomo
un lápiz, que es también
parte de ese recurso
a que apelan las cosas,
y escribo: pertinaz,
cuervo de un resplandor.
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