El piso está sembrado
de colillas. Releo
Sor Juana, siempre lúcida
a la vez que sensible.
No conozco mujer
desde el último otoño.
Las fiebres me mordieron.
Flaco quedé. La noche
me vuelve hacia los ángeles
de la memoria: miro
desde el ojo interior.
A nadie debo nada.
(Yo apaciento una lumbre
que alimenta una espera.)

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