Tristeza, soledad
y furor quieto: miro
la noche sin edad
y sigilosa. Tiro
mis libros al desierto,
tomo el encendedor,
les prendo fuego. Cierto
bajo el nimbo o palor
de las estrellas, aso
un alacrán sin sal
y me lo como. Cazo
así lo que el fanal
de la noche reclama:
hijos para su llama.

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