Una vela apagada
puede ser ocasión
de recordar que cada
Navidad, pelotón
de los afectos, frente
a su plato, mi padre
se imponía al renuente
escuadrón y mi madre
callaba. Luego muere
el comandante y la
tropa, ya libre, emprende
diversos rumbos. ¿Quiere
todavía al pachá?
Nadie la vela enciende.

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