La cadena de ahorque
del perro está colgada
de un clavo y no se mueve;
o nos movemos todos.
Soy yo el que, desvelado
en la noche indecisa,
pienso en el movimiento
y en la quietud, y escribo.
Manchas de soledad
en el cuaderno: letras
que, aunque te lleguen, duran
apenas un instante.

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