Abro un libro. Lo leo.
No obtengo nada. Nada
más que unas horas llenas
de alguien que no soy yo.
Pongo música. Escucho.
Me evado de mí mismo
entre notas que afirman
que el olvido se siente.
Esto, con suerte. Porque
muchas veces el otro
de mí mismo se aguza
y la neurosis tunde.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario