Duerme el perro su siesta
después de haber comido
del balanceado, fiesta
la deglución. Hundido
yo entre cuatro paredes,
me reconduce un poco
a la vida. No cedes,
Gran Súcubo. Me aboco
a nombrarte con pelos
y señales, tesón
la retórica: celos
que fustiga tu son
irreverente, irónico.
¡Qué pesar más lacónico!
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